11 agosto 2009

Terminal


Mirándolo a los ojos, con ese decir tan especial, como una niña que promete no pasarle más el dedo al pastel que está en la heladera le dijo adiós desde el andén de la estación
-Nos vemos tal vez la semana que viene-.
Y lo despidió apoyando la palma de la mano en su mejilla y dandole un beso en la boca corto, suave y definitivo.
Bajó las escaleras de la vieja terminal ferroviaria, se acomodó la corbata y levantó la solapa del saco y del sobretodo. Corría un viento muy frío que llegaba del sur y se le metía por el cuello hacía el cuerpo a pesar de todo el abrigo. Le hizo señas a un taxi que pasaba raudo por al calle casi desierta a esa hora, paró un trecho mas adelante y quedó esperándolo, así que tuvo que caminar hasta llegar a el, se tiró en el asiento trasero y le dio la dirección de su casa.
Entró en su departamento se sacó el sobretodo, el saco y se aflojó la corbata, se dirigió a la ventana y miró a la calle totalmente desierta y pensó en ella agitando su mano, yéndose en el tren de las dos y cuarto y prometiendo verse en una semana, tal vez.
Comenzó a llover, sintió un leve temblor y el frío le caló hasta los huesos.